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viernes, 14 de marzo de 2008

Colección de revistas Microhobby.

Al igual que durante buena parte de mi infancia y pubertad me acompañó mi querido amigo el Spectrum, hay una revista que ha acompañado al Spectrum a lo largo de toda su vida, Microhobby.

El fin de semana apalabré este gran lote de revistas (unas 160 aproximadamente) y me ha llegado esta mañana. Entre las que compré en su día y las que he adquirido ahora tengo la colección casi al completo.

Hay que entender que esta revista representa toda la historia del Spectrum desde sus inicios hasta su máximo esplendor y posterior declive. La historia no son solo los comentarios de los juegos, o los programas de listados enormes para teclear en el ordenador.

Es mucho más, es el trabajo de unos pioneros, tanto editores, redactores y por supuesto lectores que abrieron una nueva era en España en cuanto a prensa tecnológico-lúdica se refiere. De hecho sentaron los cimientos de lo que hoy es toda un mercado consolidado. Las revistas de videojuegos y ordenadores.

Si, porque en esta revista se daba de todo, desde programación, diseño gráfico, talleres de hardware, y por supuesto juegos, trucos, utilidades, etc.

Llegó un punto, no sé si debido a demandas del mercado, o a que no se podía abarcar tal diversidad de temas en una única revista, que la tendencia en los quioscos era dividir la temática. Si hablaban de videojuegos, no podía tratar temas serios como programación. O si había artículos o concursos de diseño gráfico no se hablaba de por ejemplo bases de datos.

En la microhobby si, todo tenía cabida. Era una especie de Leonardo Da Vinci informático.

A parte tenía ese aspecto que recordaba a los comics (o tebeos), supongo que por las portadas del gran Ponce, y en parte también porque al fin y al cabo los juegos de spectrum eran dibujos (sprites, decorados, personajes muchos de ellos graciosos). De hecho en mi clase del colegio había un grupillo en el que cada uno hacia una colección distinta de comics, unos Los Vengadores, otro Spiderman, yo Conan el Bárbaro y la Microhobby. Y luego nos los cambiábamos. Y la Microhobby se la leían tan entusiasmados como yo ¡Y no tenían ordenador! Dios que tiempos.

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